En los tiempos de nuestros primeros abuelos, una fuerte sequía atravesó a las comunidades Mixes. Don Juan tuvo que abandonar a su familia para buscar trabajo. En el camino se encontró con “El Señor Trueno”, quien le ofreció trabajo y lo sumergió a las montañas; al llegar al lugar donde vivía, todo era diferente, todo era de piedra. En su primer día de trabajo, el trueno le dijo, “lleva a mis animales (eran jabalís y tigres) a comer a esta milpa, dejas que coman todo, el frijol, el maíz y lo que encuentren”. Don Juan con asombro le respondió, “Pero le vamos a causar daño a la milpa de alguien”. El trueno le compartió, “No te preocupes, esa familia al sembrar su milpa no pidió permiso a la tierra y tampoco ofrendaron nada”. Después de varias semanas de trabajo, el trueno le pagó al señor Juan con tres mazorcas de maíz, el blanco, el amarillo y el pinto.

Para las comunidades originarias el maíz es símbolo de vida, forma parte de lo que somos y seremos, en algunos lados la visten y bailan con ella, porque primero es niña y luego se convierte en nuestra madre. Es sagrada.

El pasado 29 y 30 de septiembre en la comunidad de Guelatao de Juárez, allá en la Sierra Norte de Oaxaca se reunieron Zapotecas, Mayas, Mixtecos, Mixes, Masapijni, Ñühüs, Chontales, Xirarikas y colectivos de diferentes lados del territorio mexicano para el Encuentro Nacional del Maíz y Espiritualidad Indígena. El evento inició con la realización de un ritual con el caracol, los presentes pasaron a dejar sus ofrendas y mazorcas en el gran espiral. Los sabios y las sabias pasaron el copal a los presentes y de esa forma ahuyentaron a las malas energías del lugar.

 

El encuentro realizado por la Unión de Organización de la Sierra Juárez, Oaxaca (UNOSJO), junto con el espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca y la Red Nacional en Defensa del Maíz Nativo, tuvo como objetivo fortalecer la relación de nuestros pueblos con el maíz nativo, además para seguirla defendiendo de las amenazas del maíz transgénico. Gabriela Linares de la UNOSJO compartió que, “desde el año 2001 en la Sierra Juárez se ha identificado contaminación de maíz transgénico”, y que son las comunidades quienes se han organizado para sanar y defender el maíz nativo.

México es centro de origen y diversidad del maíz, se registran alrededor de 40 a 60 razas y miles de variedades. En las cuevas de Güila Naquitz, en los valles centrales oaxaqueños se han encontrado algunas de las muestras más antiguas de maíz. “Para las comunidades originarias de Oaxaca, el maíz no solamente es un grano para la alimentación, es vida, junto con ella hemos entendido y comprendido el mundo, se sabe que para sembrarla hay que realizar rituales y costumbres”, señala Linares.

El día 30 de septiembre, fue de fiesta y alegría, linares entonces dijo, “los pueblos que cruzamos nuestros caminos en el encuentro compartimos a ritmo de la música serrana el buen mezcal y el tepache que los anfitriones repartían”. Lo que le llamaron ¡Calenda por la Vida! ¡Calenda por el Maíz! Fue un recorrido por las calles principales de la comunidad zapoteca de Guelatao, donde los niños y las niñas bailaron los sones y jarabes con sus cestos en la cabeza, donde estaba la mazorca de maíz, y de esa forma, nuestro maíz nativo bailó con la esperanza de seguir siendo pueblos.

Después de la Calenda, todos y todas se concentrarón en la galera de la comunidad para estar en la feria de productos orgánicos y artesanales que las comunidades llevaron. Entre sones y jarabes se fueron despidiendo con la esperanza de seguir tejiendo alianzas para sanar y defender nuestro maíz nativo, y por supuesto, de reencontrarnos en el siguiente encuentro.

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